Reflexión post paro



Hola a todos otra vez, Finalmente hemos vuelto a clases después del paro, y estas últimas semanas han sido bastante impredecibles. Me he sentido, como muchos, algo perdido e intranquilo respecto a qué iba a pasar y qué debíamos o no hacer. Por un lado, se nos comunicaba que no había que avanzar ni entregar nada, ya que "en el paro se paraliza toda actividad académica". Pero, por otro lado, comenzaban a liberarse tareas, avances y entregas. Esta dualidad generó bastante confusión, porque nadie podía garantizar del todo nuestra seguridad académica en cuanto a evaluaciones, recalendarización o exigencias.

La situación se volvió aún más incierta cuando, a mediados del paro, la presidenta del CEARQ renunció. Con eso, la sensación de desorientación solo aumentó. Sentíamos que quedaba todo en manos de la esperanza, esperando que el centro de estudiantes tomara buenas decisiones y que el diálogo con la facultad llegara a buen puerto.

Este periodo me hizo pensar mucho en lo vulnerables que estamos como estudiantes frente a las decisiones institucionales y cómo, a pesar de tener voz, muchas veces dependemos de estructuras que no siempre comunican de forma clara ni eficiente. Sin embargo, también creo que esto nos deja enseñanzas valiosas sobre organización, responsabilidad colectiva y la importancia de mantenernos informados y unidos como comunidad.

Respecto al avance general en paro, por cuenta propia decidí junto con mi grupo de trabajo en otros ramos, avanzar simplemente, lo máximo posible aunque sin entregar nada hasta que el CEARQ indicara lo contrario (posiblemente el peor error cometido), esto debido a que se argumentó que si se entregaba algo los profesores iban a rechazar el petitorio propuesto argumentando que "ya había gente entregando". Este punto en concreto solo culminó en un atraso general de los contenidos, clases perdidas no recuperadas y el CEARQ haciéndose invisible respecto al tema a la vuelta del paro. Personalmente perdí toda confianza en este ente de organización estudiantil, no representaron para nada los intereses generales, sumados a un cambio de mando repentino y que al final, aún confiando y haciendo caso, el petitorio fuera rechazado finalmente para luego vernos en una condición de "sálvese quien pueda", me dejó claro que hay instancias en los que se debe priorizar el motivo por el que uno entró a estudiar y tratar de mantener ese enfoque a pesar de todo, ya que depender de alguien más puede resultar muy perjudicial.

En cuanto al ramo de taller, y específicamente al desarrollo de mi intención de proyecto, la verdad es que no pude avanzar demasiado. Uno de los principales obstáculos fue que el encargo como tal no existía aún, por lo que quedamos en una especie de limbo: o bien esperábamos a que se liberara formalmente, o intentábamos avanzar a ciegas, puliendo de forma preliminar nuestras ideas sin saber si irían en la dirección correcta.

Durante gran parte del paro, esa incertidumbre fue constante. Si bien hacia el final se liberó finalmente la rúbrica del encargo individual, este avance llegó algo tarde y no bastaba por sí solo para comenzar a trabajar a fondo. Antes de abordar cualquier aspecto del proyecto —programa, emplazamiento, estrategias, etc.—, era clave tener claridad y validación sobre la idea principal, algo que no se podía lograr sin correcciones ni instancias formales de retroalimentación.

En ese sentido, el paro nos truncó directamente. La falta de encargo, de estructura y de comunicación fluida terminó afectando no solo los tiempos, sino también la confianza en cómo abordar el trabajo individual. Esta situación me dejó con la sensación de que, aunque uno tenga las ganas y la disposición de avanzar, sin una guía mínima o una validación inicial, el avance puede ser muy limitado o incluso contraproducente.





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